Hacia el año 2061 a.C., Mentuhotep II, rey de Tebas, derrotó a sus enemigos y amplió su poder a todo Egipto. Empezaba así una de las épocas más gloriosas de la historia faraónica.
Cada ciudad dice: ¡Expulsemos a los poderosos que están entre nosotros! Hete aquí que aquel que estaba enterrado como Halcón (el rey) es arrancado de su sarcófago. El secreto de las pirámides es violado. Hete aquí que unos pocos hombres sin leyes han llegado hasta el extremo de dejar tierra sin realeza. Este dramático pasaje del texto conocido las lamentaciones de Ipu-ur refleja el ambiente que se vivía en Egipto a inicios del Primer Periodo Intermedio, cuando se quebró la autoridad de los reyes del Imperio Antiguo: revueltas, pérdida del poder por parte de los faraones, saqueos… Hacia 2170 a.C., los monarcas, los poderosos gobernadores de las provincias, se habían convertido en los verdaderos dueños del país. Pronto descollaron dos de ellos: los de Heracleópolis y Tebas, que dieron lugar a sendas casas reales. De este modo, los soberanos de las dinastías IX y X controlaban el Bajo Egipto desde Heracleópolis, mientras que los de la dinastía XI señoreaban el Alto Egipto desde Tebas. Por fin, el rey tebano Mentuhotep II se impuso y hacia 2061 a.C., unificó el país, proclamándose soberano del Alto y Bajo Egipto. Con él se inició una época de esplendor en todos los campos, que sería recordaba durante largo tiempo: el Imperio Medio. Tradicionalmente se ha considerado que este período se corresponde con las dinastías XI y XII, aunque últimamente se tiende a incluir en él a parte de la dinastía XIII. Sigue leyendo →